El desafío es la igualdad en la calidad educativa

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La educación argentina está pasando por una situación muy compleja de enorme desafío, sobre todo en lo que refiere a calidad educativa. Sabemos  todos los que trabajamos en esta profesión la importancia de descubrir en la calidad educativa ese gran horizonte al cual debemos llegar y hacer realidad. Parafraseando a Guillermo Etcheverry “la calidad educativa, está en crisis y afecta a todos los demás”.

Hace dos o tres generaciones atrás era muy difícil el acceso de niños y jóvenes a la educación, y creo que en este aspecto se han dado pasos muy importantes y hoy podemos hablar de una escuela universal e inclusiva.

Hoy tenemos un nuevo desafío que es ofrecer a nuestros alumnos una educación de calidad que brinde las oportunidades necesarias para crecer y desarrollarse en el mundo vertiginoso que nos toca vivir. Ya solo no se trata de entrar en el aula, tomar la tiza y enseñar a leer y a escribir, hoy necesitamos docentes que brinden calidad educativa, cuya docencia pase por el corazón. Es verdad que nadie puede dar lo que no tiene pero la realidad actual es que en las aulas de hoy necesitamos docentes que puedan dar a nuestros niños/adolescentes contención y escucha, sabiendo que este niño que nos toca hoy educar tiene una vida personal, familiar y cultural.

Argentina está en camino a la igualdad de oportunidades. Las leyes educativas no se cansan de hablar de igualdad y de inclusión pero es el momento de dar un paso más y comenzar a trabajar con la materia prima de la educación-nuestros docentes-para así poder llegar a ofrecer una educación no solo igualitaria sino de calidad. Pienso que en este aspecto tenemos un punto pendiente con los docentes ya  que para enfrentar a los educando del siglo XXI necesitamos docentes capacitados que hagan crecer en ellos ser-hacer y vivir la docencia desde el corazón.

La educación no solo se produce a través de la palabra, pues está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes. Por eso es importante brindarles a nuestros docentes las herramientas necesarias que les permitan afrontar la tarea educativa con éxito, formando personas no solo a nivel académico sino personas de bien que puedan construir una sociedad rica en valores.

Recurrentemente me hago esta pregunta, ¿Cómo calificamos la formación de los docentes de esta generación?, ¿Creemos que están preparados para trabajar con los chicos de hoy?

Muchas veces se habla de los profesores que fueron a institutos de formación docente hace 10, 15 o 20 años, y la realidad del educando hoy es muy distinta. En la actualidad deben afrontar las nuevas tecnologías, los nuevos códigos, el acceso a información rápida y eficaz; abriéndose a la neurociencia, a las inteligencias múltiples, a la necesidad de desarrollar la inteligencia emocional en una sociedad cada vez más compleja que necesita jóvenes mayormente preparados,  consientes, con ideales y valores bien definidos, siendo capaces de afrontar los retos del presente y del futuro con identidad segura y propia de una buena cultura.

La formación docente es un recorrido que no comienza con el ingreso al profesorado, y no termina cuando el egresado recibe su título. Se trata más bien, de un proceso continuo,  durante el ejercicio de su profesión, en la reflexión cotidiana y el trabajo compartido con otros colegas. Implica dejar a un lado viejos esquemas y modelos lineales en la formación de docentes, e involucrar nuevos desafíos curriculares abiertos, interdisciplinarios y holísticos que “enseñen a pensar”, que tiendan a desarrollar la capacidad de reflexión crítica y creativa del individuo sobre su propio accionar en pro de cambios sociales trascendentales.

Conviene recordar que Calidad no es un concepto estático, es una característica de las cosas que indica perfeccionamiento, mejora, logro de metas. Calidad no es igual a perfección. Ninguna acción humana y por lo tanto, ningún sistema educativo puede ser perfecto, pero sí puede -y debe- aspirar a mejorar. Cuando hablamos de un programa o sistema educativo de calidad, nos referimos a aquél que ha alcanzado estándares superiores de desarrollo, en lo filosófico, científico, metodológico  en lo humano.

Autor: José Alberto Coronel, asesor de la Fundación Confiar, organización sin fines de lucro que se dedica al asesoramiento y capacitación integral de instituciones educativas.