Repensando el rol del preceptor

Prof. Anabella Rossi
www.fundacionconfiar.org

 

Los preceptores desarrollan su labor cotidiana en el marco de las regulaciones y directivas del sistema educativo y de las características que asume la gestión de cada una de las instituciones educativas.

Desde el punto de vista de la reglamentación corresponde a los preceptores cumplir tareas orientadas a la organización escolar, el orden y la disciplina. Sin embargo, se observa una labor que excede el cumplimiento de dichas prescripciones; abarca un conjunto de tareas más sutiles y complejas. Son actores centrales en el funcionamiento de las escuelas secundarias ya que sostienen una parte importante de la construcción de los vínculos y de las estrategias de integración. En los últimos años las tareas del preceptor adquirieron un perfil mucho más vinculado con el acompañamiento personalizado, la contención afectiva, la construcción de lazos, convirtiéndose en actores claves para el acompañamiento de las trayectorias escolares de los alumnos dentro de la escuela, facilitando así el ingreso, permanencia y la finalización de la educación secundaria. El alumno, al estar transitando la adolescencia, necesita de la figura de un adulto que le sirva de modelo y lo acompañe en su escolaridad.

Aun con toda esta redefinición del rol de los preceptores y pese a la amplitud y el carácter estratégico de las funciones de los mismos,  los requisitos para acceder al cargo de preceptor son mínimos y la capacitación que brindan las políticas educativas para quienes desempeñan el cargo es escasa por lo tanto es necesario capacitar a los preceptores para asegurar pautas comunes de trabajo y un mínimo de saberes compartidos.

Los cambios en la sociedad y en la educación transformaron las condiciones en las que los preceptores desarrollan su trabajo. El modelo de escuela secundaria tradicional de tipo propedéutico suponía  la existencia de un modelo familiar que acompañaba la escolaridad de adolecentes y jóvenes. Hoy existen mayores dificultades y es la escuela misma la que debe encargarse de acompañarlos en la construcción de un orden personal y de encuadres que faciliten su integración al orden escolar.

Es necesario repensar la institución educativa, para que pueda establecer un diálogo basado en el reconocimiento de cada alumno a partir de su propia identidad, generando de este modo una relación que, lejos de expulsarlos de las aulas, logre retenerlos en ellas hasta que puedan completar el nivel medio (López, 2010: 8).

La inclusión educativa se ha instalado pero no existe una agenda de inclusión que pueda desarrollarse, sin estar acompañada de una de calidad. Los alumnos se quedan en la escuela por que aprenden, porque se sienten acompañados y la encuentran un sentido al esfuerzo educativo.

Frente al anonimato y la falta de reconocimiento se requiere volver a mirar y acompañar a los alumnos, construir una mirada integral acerca de ellos, de sus trayectorias personales en general y educativas en particular. Se trata de vincularse a ellos desde una perspectiva integral y no  solamente cognitiva, atenta a dos ejes al mismo tiempo: uno pedagógico, que los alumnos aprendan más y mejores conocimientos y otro social tratar de asegurar que completen su trayectoria educativa y se formen como personas capaces de integrarse activamente a la sociedad.

Los preceptores por las características de su vinculo con los estudiantes – son quienes comparten la mayor cantidad de tiempo escolar con los alumnos- están en mejores condiciones que otros actores escolares para escuchar, mirar y acompañar a los jóvenes transformándose en lideres y mediadores ante los conflictos que se susciten. La cercanía afectiva, el trato informal, la relación personal, la atención en la diversidad son algunas de las nuevas condiciones inmanentes a su trabajo. Ahora bien, para realizarlas es preciso poner en juego un plus de habilidades personales, comunicacionales, expresivas, afectivas, imaginativas, creativas y sensibles, que no están explicitas formalmente en la descripción de su tarea y por eso además de la vocación de servicio,  la persona que desempeña el cargo de preceptor deberá capacitarse  para poder realizar con profesionalismo la tarea.

Para los jóvenes la significatividad de los adultos en el contexto escolar está vinculada principalmente a la escucha, el acompañamiento y las oportunidades ofrecidas. Es allí donde los preceptores ocupan un lugar significativo dándoles a los adolecentes un espacio para compartir y plantear sus dificultades porque según los mismos jóvenes “hacer las cosas de a dos es más fácil”. “porque esta bueno tener alguien que te escucha y que cree en vos”.

En la vida de los jóvenes, la escuela es la principal vía de integración e inclusión. “La escuela es la única institución donde nadie esta demás. En esto consiste la inclusión total: ingresar, permanecer y egresar haciendo del estar una experiencia dialogada de conocimiento” (Galiano, 2005).